La AEAT ya no revisa: cruza datos, detecta incoherencias y actúa

El control tributario ha cambiado. Hacienda ya no depende únicamente de una inspección tradicional ni de revisar una contabilidad cuando surge una comprobación.

La AEAT trabaja cada vez más con información previa, datos cruzados y análisis de riesgos. El Plan Anual de Control Tributario y Aduanero de 2026 confirma esa línea: prevención, detección, regularización de incumplimientos, explotación de información disponible y selección de contribuyentes en función del riesgo fiscal detectado.

La contabilidad debe estar preparada antes de que Hacienda pregunte.

La AEAT dispone de múltiples vías de información. Entre otras:

– Declaraciones fiscales presentadas por la propia empresa.
– Modelos informativos de terceros.
– Información bancaria.
– Titularidad de cuentas.
– Cobros mediante TPV.
– Pagos asociados a números de teléfono móvil.
– Datos de facturación y libros registro.
– Información procedente del Suministro Inmediato de Información, cuando resulta aplicable.
– Intercambios de información con otras Administraciones.
– Operaciones inmobiliarias, societarias, patrimoniales y financieras.

En 2026, además, la AEAT prevé disponer de información mensual sobre titularidades de cuentas bancarias e ingresos obtenidos por empresarios y profesionales adheridos a sistemas de cobro mediante tarjetas, TPV y pagos asociados a teléfonos móviles. ()

Por tanto, el riesgo no está solo en declarar mal.
El riesgo está en que lo declarado no coincida con la realidad económica que Hacienda puede reconstruir por otras fuentes.

Ahí es donde muchas empresas fallan.

Una contabilidad desordenada, saldos antiguos sin justificar, cuentas de socios mal regularizadas, facturas sin soporte suficiente, ingresos no conciliados, gastos deducidos sin criterio o diferencias entre bancos, TPV, facturación e impuestos pueden convertirse en una señal de alerta.

Y cuando la AEAT detecta incoherencias, la empresa ya va tarde.

¿Cómo debe proceder una empresa?

Primero, revisando que la contabilidad refleje la imagen fiel de la actividad. No se trata solo de presentar impuestos. Se trata de que los estados contables tengan coherencia con bancos, facturación, cobros, pagos, nóminas, existencias, préstamos, operaciones con socios y obligaciones fiscales.

Segundo, conciliando periódicamente la información clave:

– Bancos.
– TPV.
– Bizum o pagos móviles, si existen.
– Facturas emitidas.
– Facturas recibidas.
– Modelos 303, 111, 115, 130, 200, 347 u otros aplicables.
– Saldos con socios y administradores.
– Préstamos y financiación.
– Existencias e inmovilizado.

Tercero, documentando correctamente las operaciones. Una factura no siempre basta. Hay gastos que requieren contrato, justificante de pago, trazabilidad, afectación a la actividad y coherencia económica.

Cuarto, revisando la deducibilidad fiscal. No todo gasto contabilizado es fiscalmente deducible. Y no toda optimización fiscal es válida si no tiene soporte legal, económico y documental.

Quinto, anticipando riesgos antes del cierre contable y fiscal. El cierre del ejercicio no debe limitarse a “cuadrar impuestos”. Debe servir para detectar contingencias, corregir errores y planificar dentro de la legalidad.

Aquí es donde resulta decisivo contar con un profesional con experiencia y formación adecuada.

Un buen asesor fiscal y contable no se limita a presentar modelos. Analiza, contrasta, pregunta, documenta y propone. Su función es doble: proteger a la empresa frente a riesgos fiscales y, al mismo tiempo, optimizar su tributación dentro del marco legal.

La tranquilidad no viene de pagar más impuestos “por prudencia”.
Tampoco viene de apurar deducciones sin criterio.

La tranquilidad viene de aplicar correctamente la norma, aprovechar los beneficios fiscales que correspondan, ordenar la contabilidad, justificar las operaciones y mantener una visión global de la empresa.

Una buena planificación fiscal permite optimizar la carga tributaria de forma legal mediante:

– Correcta imputación de ingresos y gastos.
– Aplicación de incentivos fiscales procedentes.
– Revisión de amortizaciones.
– Planificación de inversiones.
– Control de operaciones vinculadas.
– Análisis de retribución de socios y administradores.
– Elección adecuada de fórmulas jurídicas y fiscales.
– Preparación del cierre contable y del Impuesto sobre Sociedades.

Pero todo ello exige rigor.

Porque ante una comprobación, no basta con decir que la empresa actuó correctamente. Hay que poder demostrarlo.

En Romehu Consultores ayudamos a empresas y profesionales a mantener una contabilidad ordenada, una fiscalidad coherente y una estrategia preventiva frente al creciente control de la AEAT.

Nuestro objetivo es claro: que el empresario tenga tranquilidad, que la empresa refleje su imagen fiel y que la fiscalidad esté optimizada sin asumir riesgos innecesarios.

Hacienda cruza datos.
La empresa debe tener control.

Nota: El Plan Anual de Control Tributario y Aduanero de 2026, publicado en el BOE el 12 de marzo de 2026, confirma una realidad: la AEAT intensifica el control preventivo, el cruce de información y la detección de riesgos fiscales. A ello se suman nuevas obligaciones de información sobre cuentas bancarias, TPV, tarjetas y pagos asociados a números de teléfono móvil, lo que afecta especialmente a empresas, autónomos y profesionales.

José Luis Romero

Economista y Co-fundador Romehu Consultores & Asociados

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